Malhechor, torcido, falso, servil, deformado y feo: algunos significados de la palabra “cachureco”

El término “cachureco”, con el que se identifican los miembros del Partido Nacional, surgió como un calificativo despectivo para designar a personas indeseables y dañinas para la sociedad, según varios historiadores.

Con ese mote solía llamarse a los malhechores, personas falsas, serviles o feas, especialmente mujeres. Actualmente, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el término cachureco es un adjetivo que significa: “torcido o deformado“.

Según una biografía de Francisco Morazán realizada por Ramón Rosa, cachureco como epíteto data de alrededor del año 1838. En ese año el general conservador José Rafael Carrera y Turcios entró a Guatemala llamando a sus tropas con un “cacho“, lo que dio origen al provincialismo cachureco.

Las tropas victoriosas de Carrera, al grito de «¡Viva la religión!» y «¡Fuera los herejes extranjeros!» y constituidas principalmente por campesinos pobremente armados, tomaron la Ciudad de Guatemala y se dedicaron al pillaje y a destruir los edificios del gobierno liberal.

Otra versión afirma que los liberales daban ese mote despectivo a los montañeses, encabezados por Rafael Carrera, ya que, como parte de su equipo militar, llevaban la pólvora guardada en cachos o cuernos de res.

Por extensión, el término adquirió la connotación de conservador, servil o moderado.

El escritor Jorge Larde y Larín, de origen salvadoreño, afirma que el término cachureco era usado para señalar a los enemigos de la sociedad, especialmente a los malhechores armados, y por extensión a cuanto adolecía de algún vicio o defecto capital; así se llamaba cachureca la moneda falsa, y si una mujer era fea, era también “cachureca”.

Poco a poco, los liberales comenzaron a identificar así a los serviles conservadores, queriendo significar con esto que ellos eran personas falsas, malhechores armados que conspiraban contra la democracia. Pero con el paso del tiempo, el insulto pasó a ser identificación.

Tanto se acostumbraron los conservadores a su mote que el Licenciado Vicente Ariza Padilla, hábil político hondureño y notable abogado de Tegucigalpa, acostumbraba a decir que en su lápida solo quería que escribieran: “aquí yace un cachureco“.

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